hemos de justificar nuestro gabinete, nuestro desencajado pedazo de pertenencia, ser parte tal vez, de un mundillo berreta, ordinarias ganas nos sostienen, un espejo rayado nos ha devuelto las veces, desde la cáscara y gotas en la cara, frías, hasta la bestiezuela de ojos encorvados sacudiendo el atuendo.
-la conciencia es dolor y hay que compartirla- escupió en la esquina, borracha. ahora el páramo me ofrece su vista, lejos rescato una foto, su foto, y me obligo a vivir, porfiado. en la antena una luz roja, molesta, un faro de entre la urbe, cercano satélite que la mantiene en órbita. la bajada es larga, la calle también.
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