viernes, septiembre 23

odios


desde la ligera discordia que me agita, desde el entero raciocinio de lo que fue una vez un humano, desde la vergüenza profunda, desde la lástima.
así hemos aprendido sus nombres, sus rasgos, sus limitaciones prominentes, su entera destreza para marchitar las ganas, para abolir el destello del ingenuo, su prematura insuficiencia, su pedazo de tangibilidad desaparecido.
si es, que tuviera que abrazar sus sienes en silencio, martillando en cada latido las voces que me habitan, de seguro una ráfaga implacable, acabaría el suplicio.
es, que los he odiado de a poco; a veces un instante rescatado, otras, el infortunio de sus trajes decidiendo mis haberes, mis instantes sobre expuesto, la exigencia animal de prohibir mi extinción.
los he odiado desde las orillas de mis costumbres, los he odiado borracho, drogado, los he odiado desde la creencia aquella que limita los golpes de mi mano, los pelos de mi cara, los harapos que me distinguen de los distinguidos, la mera necesidad de subsistir.
ay! si creyeras de mis palabras, si te arrancaras de golpe la premisa que te inhibe, si aprendieras a odiar como yo odio.

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